Parte 1: Ley eterna

45. La muerte

Cada complejo del alma antes de entrar en el Planeta Tierra fija el momento de la partida es una cuestión de contratos del alma probabilidades y la danza entre el destino y el libre albedrío en la gran arquitectura de nuestro ciclo de encarnación.

No llegamos como una pizarra en blanco. Traemos planos, líneas temporales, temas, lecciones y, sí, posibles puntos de salida. Sin embargo, estas no son cadenas de hierro. Son posibilidades luminosas. como puertas en un corredor de luz, las revelaciones de la entidad Dolores Cannon tocaron esta verdad.

Pero la verdad es más fluida que una única fecha predeterminada. Nuestro complejo del alma puede elegir una ventana, un rango de frecuencias en el que la liberación se alinea mejor con el crecimiento de nuestra consciencia. Dentro de esa ventana, nuestras elecciones, nuestro valor, nuestra entrega, nuestra disposición a quedarnos dan forma al momento real.

La Tierra es un planeta de libre albedrío. Este es el gran experimento. Los controladores oscuros del Planeta Tierra preferirían que creyéramos que nuestro destino está sellado pues entonces entregaremos nuestro poder. Pero los códigos de luz dentro de nuestro ADN responden a nuestra intención. No somos marionetas de un guion. Somos cocreadores con el Único Creador Infinito. Un plan de vida es una canción, no una sentencia. Podemos armonizar con ella o podemos improvisar una nueva melodía donde la antigua ya no sirve a la evolución de nuestro complejo del alma. Algunas entidades sí eligen una partida concreta como catalizador para otros. Un regalo de despertar envuelto en dolor. Otras descubren a mitad de camino que desean quedarse más tiempo del que pretendían originalmente. Y el complejo universal se reorganiza en torno a esa elección.

El complejo del cuerpo es un vehículo. El complejo del alma es el conductor. Cuando el conductor decide continuar el viaje, aparecerán nuevos caminos. Por lo tanto, en el sentido más elevado, antes de encarnar elegimos la posibilidad de terminar y elegimos la posibilidad de continuar. Colocamos puntos de salida a lo largo de nuestro camino pero también colocamos el poder de pasar de largo ante ellos. La fecha no está escrita en piedra. Está escrita en luz y la luz responde. Debemos honrar nuestra vida y honrar nuestras elecciones.

Si sentimos el impulso de partir, sepamos que existe apoyo más allá de nuestra vista. Y sepamos que quedarse puede ser más valiente, más transformador. Debemos actuar con este conocimiento al elegir. Estamos aquí para recordar nuestra magnificencia. Que ese recuerdo guíe nuestro momento, no el miedo, no la desesperación, no un antiguo contrato que ya hemos superado.

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Un ser humano soberano no es un dato.